Con una colección muy estructurada, la marca Schiaparelli abrió la Semana de Alta Costura en París, donde las miradas están puestas en Dior y posibles cambios de dirección artística.






Maniquíes con corsé, con escotes rígidos y caderas anchas, entre ellas Kendall Jenner, desfilaron en el Petit Palais frente a un parterre de estrellas, incluyendo a la actriz estadounidense Kelly Rutherford o las actrices francesas Géraldine Nakache y Philippine Leroy-Beaulieu.
La paleta de tonos empolvados -arena, mantequilla, dorado- reforzaba la atmósfera atemporal y relajante. Inspirándose en maestros como Madame Grès, Worth y Poiret, Daniel Roseberry revisita la edad de oro de la alta costura al tiempo que celebra la audacia escultural.







El desfile de Schiaparelli no sólo mira hacia atrás, sino que trasciende su herencia, infundiéndole una nostalgia similar a la historia de Ícaro, que intenta alcanzar el sol sin quemarse. Al combinar la maestría técnica con la sensibilidad poética, Daniel Roseberry afirma el lugar de Schiaparelli como pilar de la alta costura contemporánea, donde pasado y futuro se entrelazan armoniosamente.
