El Proyecto Estigma nació desde una sensibilidad que fui desarrollando a través de mis propias experiencias con la salud mental

Por Astrid Cuevas.-

Hay historias que no necesitan repetirse para comprender su valor; se perciben en la fuerza de quien las vive. Kiara Romero es el reflejo de que el pasado no define el destino, sino la valentía con la que decidimos levantarnos y seguir adelante.

Lejos de quedarse atrapada en el eco de los momentos difíciles, ha elegido avanzar con determinación, transformando cada experiencia en crecimiento y cada proceso en un faro de esperanza para los demás.

Con el corazón firmemente anclado en el presente y en la misión que hoy materializa a través de su fundación, abre las puertas de su historia para hablar de resiliencia, amor propio y del poder transformador de sanar desde la honestidad.

ROCE SOCIAL: “Ellas Escriben” transmite mucha sensibilidad y verdad. ¿Qué te mueve personalmente a crear espacios donde las mujeres puedan sentirse identificadas? 

KIARA ROMERO: Porque sé lo que se siente guardar silencio por miedo a no ser entendida. A través de “Ellas Escriben” quiero que cada mujer que lea una carta conmigo pueda sentirse identificada, comprendida y menos sola. Muchas veces hablamos de salud mental, amor propio o dolor desde teorías, pero cuando lo hacemos desde experiencias reales, la conexión cambia por completo. También lo hice con la primera temporada de mi podcast “Ellas, The show”, cada episodio era inspirado y desarrollado para ELLAS. Para mí, crear una comunidad desde la sensibilidad y la honestidad tiene muchísimo valor. 

RC: ¿Qué fue lo que viviste o sentiste que te llevó a crear la Fundación Proyecto Estigma?

 KR: Proyecto Estigma nació desde una sensibilidad que fui desarrollando a través de mis propias experiencias con la salud mental y de escuchar las historias de otras personas. Me impactaba ver cuántas personas sufrían en silencio por miedo al juicio o por no saber dónde buscar ayuda. Y ahí entendí que, si tenía una voz y una plataforma, quería utilizarlas para abrir conversaciones necesarias, educar y aportar, aunque fuera un poco de luz en medio de tanta desinformación y dolor emocional. 

RC: ¿Cómo fue para ti tomar la decisión de hablar públicamente sobre un tema tan sensible como la salud mental? 

KR: Honestamente, para mí nunca fue tan difícil dar el paso, quizás porque mis años en la comunicación me dieron una base y me enseñaron el poder que tiene la voz cuando se utiliza con propósito. El verdadero reto ha sido hacerlo dentro de una sociedad todavía muy desinformada y poco abierta a hablar de salud mental. Pero al mismo tiempo, mi experiencia personal me ha hecho muy consciente de lo peligroso que puede ser el silencio, y justamente eso fue lo que más me impulsó a crear espacios donde estas conversaciones pudieran darse desde la empatía, la educación y la humanidad. 

RC: Desde que iniciaste la fundación, ¿qué realidad te ha impactado más de las personas que han buscado ayuda o se han acercado? 

KR: Lo que más me ha impactado es la cantidad de personas que llevan años sufriendo en silencio. Personas funcionales, sonrientes, exitosas incluso, pero emocionalmente agotadas y sintiéndose completamente solas. Personas que al igual que yo alguna vez, nunca han tenido un espacio seguro donde poder hablar de lo que sienten. Ahí entendí aún más la urgencia de seguir hablando de salud mental con responsabilidad y humanidad para aprender a acompañarnos con más empatía.

RC: ¿Qué ha sido lo más difícil emocionalmente de este camino como fundadora?

KR: Creo que lo más difícil ha sido aprender a acompañar el dolor de otros sin descuidar el mío. Cuando trabajas tan de cerca con historias humanas tan fuertes, inevitablemente muchas cosas te tocan emocionalmente. Y aunque uno quiera ayudar a todos, también aprende que no siempre puede salvarlo todo. Ha sido un camino de mucha sensibilidad, pero también de entender la importancia de cuidar mi propia salud mental, porque cuidar de quienes cuidan también es necesario para poder seguir sirviendo desde un lugar sano.

 RC: ¿Qué mensaje quisieras dejarle a alguien que está pasando por un proceso emocional fuerte y no sabe cómo pedir ayuda? 

KR: Tres cosas importantes que siempre les digo, y que seguiré repitiendo, son: “No están solos”, “Hablar sana” y “Buscar ayuda es de valientes”. Nadie debería atravesar un proceso emocional difícil en silencio o en soledad, especialmente cuando existen profesionales de la salud mental preparados y dispuestos a acompañarlos. Desde la Fundación Proyecto Estigma seguiremos trabajando para brindar orientación, apoyo y espacios seguros a todas aquellas personas que decidan priorizar su salud mental y darse la oportunidad de vivir una vida más plena, consciente y emocionalmente saludable.

RC: ¿Qué significa para ti hoy “Estigma” y cómo ha cambiado tu vida desde que convertiste tu historia en propósito? 

KR: “Estigma” dejó de ser solo una palabra para convertirse en una misión de vida. No es únicamente el nombre de la Fundación Proyecto Estigma; representa una realidad que vivimos todos los días. Los estigmas sociales siguen siendo una de las principales razones por las que muchas personas callan su dolor, no buscan ayuda y, tristemente, muchas veces perdemos vidas por ese silencio. Yo lo viví en carne propia, y atravesar mi propio proceso transformó por completo mi manera de ver la vida y la salud mental. Sanar me permitió entender muchas cosas, pero sobre todo encontrar propósito en medio del dolor. Porque mientras estaba herida, no podía comprender para qué había vivido tantas cosas; fue en el proceso de sanar donde entendí que también podía convertir mi historia en una herramienta para ayudar a otros.

RC: ¿Hacia dónde te gustaría llevar la fundación en los próximos años?

 KR: Quiero llevar la Fundación Proyecto Estigma a un nivel donde podamos generar un impacto aún más grande en República Dominicana. Me gustaría fortalecer las campañas de prevención, crear alianzas con instituciones y profesionales de la salud mental, y seguir educando para romper tantos tabúes que todavía existen alrededor de estos temas. Mi mayor deseo es que hablar de salud mental deje de ser visto como algo vergonzoso y se convierta en una conversación natural y necesaria. 

Más personal

RC: Tu historia ha inspirado a muchas mujeres desde la resiliencia y la fe. ¿Cómo ha cambiado tu manera de ver la vida y la maternidad con el paso de los años? 

KR: La maternidad me cambió profundamente. Me hizo más sensible, más fuerte y también más consciente de la responsabilidad emocional que tenemos como adultos. Me enseñó a cuidar no solo de otros, sino también de mí, porque entendí cual importante es que mi hijo tenga una madre sana, no perfecta. 

RC:  Como madre y mujer de medios, ¿qué ha sido lo más desafiante de mantenerte firme sin perder tu esencia?

KR: Creo que lo más desafiante ha sido aprender a no perderme tratando de cumplir las expectativas de los demás. Estar en los medios te expone constantemente a opiniones sobre cómo debes verte, actuar o vivir, y cuando eres madre, la presión parece multiplicarse: qué tipo de madre eres, qué haces bien o mal, como si existiera un manual perfecto para maternar. Y la realidad es que una también va aprendiendo en el camino. Con el tiempo entendí que no vine a encajar en las expectativas ajenas, porque mi paz vale más que la aprobación externa. Lo que sí procuro cada día es mantener coherencia entre la mujer que soy frente a cámaras y la que soy cuando nadie está mirando. Porque quienes me siguen merecen respeto, y tener un micrófono en las manos siempre implicará una responsabilidad que asumo con mucha conciencia y compromiso. 

RC: Muchas veces vemos a la figura pública, pero no a la mujer detrás de cámaras. ¿Quién es Kiara cuando se apagan las luces? 

KR: Detrás de cámaras soy simplemente Kiara; quizá más sensible y menos perfecta de lo que muchas veces puedo mostrar públicamente. Mi familia es mi pilar y soy muy cuidadosa con las personas que dejo entrar a mi vida. Con el tiempo aprendí, a veces de la manera difícil, la importancia de proteger mi paz y poner límites sanos. Disfruto mucho de mi soledad, porque en ella he encontrado calma, claridad y hasta inspiración para muchos de mis proyectos y reflexiones. Hoy valoro tanto compartir con las personas que amo como también la tranquilidad de estar conmigo misma. 

RC: ¿Qué tipo de legado te gustaría dejarle a tu hijo a través de la mujer en la que te has convertido hoy?

KR: Quiero que mi hijo crezca viendo a una mujer real. Una mujer que no tuvo miedo de reconstruirse, de aprender y de empezar de nuevo las veces que hizo falta. Me gustaría que el día de mañana pueda sentirse orgulloso no solo de mis logros, sino también de la manera en que traté a las personas, de cómo enfrenté la vida y del amor con el que decidí vivirla, a pesar de cualquier desacierto o experiencia dolorosa que haya experimentado en mi vida. 

RC: En esta nueva etapa de tu vida, ¿qué proyectos o sueños sientes que Dios está preparando para ti? 

KR: Siento que estoy entrando en una etapa mucho más consciente y alineada con mi propósito y en la mujer que estoy destinada a ser. confío plenamente en que todo lo que Dios trae a mi vida es para mí crecimiento, aunque al principio no lo entienda del todo. Hay sueños que aún guardo con mucho cuidado, pero sí puedo decir que quiero seguir usando mi voz y mis experiencias para servir a otros. 

RC: Si hoy pudieras escribirle unas líneas a la Kiara de hace algunos años, ¿qué le dirías? 

KR: Primero le daría las gracias, por haber tomado la decisión de vivir y amar a pesar de las heridas del pasado. Que un día va a encontrar paz en lugares donde antes solo había dolor. Que no todas las despedidas serán pérdidas y que aprender a poner límites no la hará mala persona. Le diría que siga siendo sensible, que no endurezca su corazón por las decepciones, porque justamente esa sensibilidad será una de las cosas que más le permitirá conectar y ayudar a otros.  Le diría cuan orgullosa estoy de ella.

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