Por Astrid Cuevas.-

En la etapa final de su embarazo, viviendo este momento desde la intimidad de su hogar y cuidando su espacio, conversamos con la comunicadora y empresaria Yubelkis Peralta. Ella nos cuenta cómo vive la maternidad, el reto de equilibrar sus múltiples roles sin culpa y el inmenso amor que mueve su mundo.

Hay momentos en la vida en los que lo más importante es bajar la velocidad y conectar con lo que realmente importa. Yubelkis Peralta se encuentra precisamente en esa dulce espera. Mientras vive la etapa final de su embarazo, resguardando su paz y disfrutando este proceso desde la tranquilidad de su hogar, nos compartió sus reflexiones de manera auténtica. Sin poses ni libretos, nos encontramos con la mujer, la madre y la empresaria en su estado más puro y humano.

Un cambio total de perspectiva

Para una mujer tan activa y trabajadora como Yubelkis, la llegada de sus hijos marcó un antes y un después en su forma de ver el mundo.

“La maternidad me cambió completamente la forma de ver la vida”, nos confiesa con total honestidad. “Antes quizá veía el éxito muy ligado a las metas, al trabajo, a producir y lograr cosas. Hoy sigo siendo una mujer soñadora y trabajadora, pero entendí que nada vale más que el tiempo de calidad, la paz y los momentos reales con mi familia”.

Esa transformación la ha llevado a vivir el día a día con una calma diferente. “Mis hijos me enseñaron a bajar la velocidad muchas veces, a disfrutar más el proceso y a entender que el verdadero éxito también está en llegar a casa y sentirme plena con la mamá y la mujer que soy. Ahora mis prioridades tienen más propósito, más corazón y más intención”.

El día a día entre los negocios y el hogar: sin culpas

Llevar adelante la comunicación, los negocios y la familia al mismo tiempo es un reto diario. Lejos de vender la idea de una vida perfecta, Yubelkis habla desde la realidad que viven tantas mujeres.

“Creo que el equilibrio no significa tener todo perfectamente controlado porque, siendo honesta, eso casi nunca pasa”, admite. “Hay días en los que soy más empresaria; otros, en los que soy completamente mamá, esposa o creadora de contenido. Lo que sí he aprendido es a vivir cada etapa presente y sin culpa”.

Para ella, la clave ha sido entregarse por completo al momento que le toca vivir y saber apoyarse en quienes la rodean. “Cuando estoy trabajando, trato de dar lo mejor de mí, y cuando estoy con mi familia, intento realmente conectar. También he entendido que pedir ayuda no me hace menos fuerte. Tengo un gran equipo y una familia que me apoyan muchísimo y, gracias a eso, puedo desempeñar todos los roles que amo sin dejar de ser yo. Lo más importante para mí es fluir: lo que no pude hacer hoy, lo hago mañana”.

Descubriendo su versión más sensible

La maternidad no solo cambia las rutinas, sino que también revela rincones del alma que antes permanecían ocultos. En el caso de Yubelkis, sus hijos sacaron a relucir su lado más tierno y humano.

“Definitivamente, una versión mucho más sensible y humana de mí. Yo siempre me consideré una mujer fuerte, luchadora y enfocada, pero mis hijos me enseñaron otro tipo de fortaleza: la paciencia, la entrega, el amor incondicional y la capacidad de seguir adelante incluso en los días más cansados. Ellos me han enseñado a conectar más con mis emociones, a ser más empática y a valorar mucho más las pequeñas cosas de la vida”.

Al preguntarle cómo define el éxito en este momento de su vida, su respuesta refleja su madurez emocional:

“Hoy el éxito para mí no es solamente crecer profesionalmente o construir negocios. Claro que me siento orgullosa de todo lo que he logrado como empresaria y como mujer, pero en esta etapa el éxito también significa tener paz mental, sentirme feliz con mi familia, disfrutar mi embarazo, crear recuerdos con mis hijos y poder inspirar a otras mujeres desde mi realidad, no desde la perfección. Para mí, el éxito es vivir una vida con propósito y equilibrio emocional”.

El gran aprendizaje de ser mamá

Si algo le ha dejado clara esta experiencia es que la perfección es una ilusión y que el amor es lo único que realmente cuenta.

“Que no existe la perfección”, afirma convencida. “Como mamá siempre queremos hacerlo todo bien, pero la maternidad me enseñó que muchas veces lo más importante no es hacerlo perfecto, sino hacerlo con amor. También aprendí a tener más paciencia conmigo misma, a entender mis procesos y a valorar mucho más el tiempo, porque los niños crecen demasiado rápido y cada etapa pasa en un abrir y cerrar de ojos”.

Un hogar con bases sólidas

Dentro de las paredes de su casa, Yubelkis tiene muy claras las bases que quiere transmitir a sus hijos, enfocándose en la salud emocional antes que en cualquier otra cosa.

“Intento construir un hogar lleno de amor, comunicación y seguridad emocional. Quiero que mis hijos sientan que siempre tienen un lugar seguro donde pueden hablar, equivocarse, aprender y sentirse amados tal como son. También trato de enseñarles con el ejemplo valores como la fe, la humildad, el respeto, la empatía y la cultura del trabajo. Creo profundamente en criar hijos emocionalmente sanos y felices, más allá de cualquier cosa material”.

Un mensaje para el futuro

Para cerrar este encuentro, le preguntamos qué le gustaría que sus hijos recordaran de ella cuando, dentro de algunos años, tengan la oportunidad de leer esta entrevista. Sus palabras finales retratan con claridad el motor que impulsa su vida:

“Me gustaría que recordaran que su mamá siempre dio lo mejor de sí. Que, aunque tenía muchos roles y muchos sueños, ellos siempre fueron su motor más grande. Quiero que recuerden a una mamá amorosa, presente, trabajadora y real. Una mujer que luchó por sus sueños sin dejar de luchar también por construirles una vida llena de amor, valores y recuerdos felices. Y, sobre todo, que entiendan que todo lo que hice, cada esfuerzo, cada proyecto y cada sacrificio, siempre tuvo detrás el mismo motor: el amor tan inmenso que siento por ellos”.

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