Windsor (Reino Unido), 17 sep. – El castillo de Windsor fue el escenario de una velada histórica este miércoles, cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fue recibido con todos los honores por el rey Carlos III en el tradicional banquete de Estado que marca el inicio oficial de su visita al Reino Unido.
El encuentro, cargado de simbolismo diplomático y gestos cuidadosamente calculados, comenzó con un intercambio de elogios entre ambos mandatarios durante sus discursos de apertura.
“Es un privilegio singular ser el primer presidente estadounidense recibido aquí”, afirmó Trump, visiblemente emocionado. “Realmente es uno de los mayores honores de mi vida”.
En su intervención, el presidente no escatimó en palabras de admiración hacia el monarca británico: “Ha entregado su corazón por completo a aquellas partes de Gran Bretaña que están más allá del ámbito de la legislación”.
Trump también destacó la alianza histórica entre el Reino Unido y Estados Unidos, describiéndola como un vínculo “invaluable, eterno, irremplazable e inquebrantable”.
Fiel a su estilo, el mandatario no dejó fuera uno de sus clásicos comentarios: “Hace un año teníamos un país muy enfermo, y hoy creo que somos el país más ‘sexy’ del mundo”.
Una mesa digna de reyes (y presidentes)
La cena se celebró en el majestuoso comedor de Windsor, donde una mesa del largo de una piscina olímpica, iluminada por 139 candelabros, acogió a 160 invitados. Entre los presentes destacaron figuras de la política, la monarquía y el mundo empresarial, como Tim Cook (Apple), Rupert Murdoch, Jensen Huang (Nvidia) y Sam Altman (OpenAI).
Trump y Carlos III compartieron el centro de la mesa, flanqueados por el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, y la princesa Catalina de Gales, respectivamente. Al otro extremo se sentaron Melania Trump, la reina, Scott Bressent (otro secretario de Estado) y el príncipe Guillermo.

Una noche de diplomacia y espectáculo
La visita de Trump marca su segunda en dos meses al Reino Unido, tras una parada en Escocia a finales de julio. Carlos III, en tono distendido, no dejó pasar la ocasión para bromear:
“El suelo británico constituye un espléndido campo de golf”.
El banquete no solo reafirmó los lazos entre Londres y Washington, sino que sirvió como puesta en escena del equilibrio entre tradición, poder blando y estrategia diplomática, en un momento geopolítico particularmente delicado
